martes, 28 de agosto de 2018

La seguridad del glifosato no depende de lo que diga un tribunal


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Rosa Porcel Roldán, Universidad Politécnica de Valencia


En pocos días hemos sido testigos de un par de sentencias que ciertos grupos ecologistas podrían considerar una victoria. Estos ven en la tecnología aplicada a la alimentación un problema, más que una herramienta para mejorar nuestras vidas. En esta ocasión le ha tocado a Monsanto, recientemente adquirida por Bayer.

Veamos qué ha ocurrido.

El 10 de agosto, un tribunal de San Francisco (California, EE UU) condenó a Monsanto a indemnizar a Dewayne Johnson con 289 millones de dólares por daños y perjuicios. Este jardinero de 46 años padece un cáncer terminal y asegura que se debe a su exposición a un herbicida de la multinacional. Se trata de un linfoma no hodgkiniano, un tipo de cáncer en los linfocitos de la sangre.

El herbicida es el Roundup®. Su principio activo, el glifosato.

La situación de Johnson es dramática, por supuesto. La preocupación social por los productos químicos usados en agricultura es creciente. Pero, ¿es esto cierto? ¿Nos están envenenando?

Campo sembrado en Estados Unidos. Unsplash, CC BY


¿Qué es el glifosato y cómo funciona?

El glifosato, bajo la marca Roundup®, fue introducido por Monsanto en 1974 y se ha convertido en el herbicida más usado en agricultura. Desde el año 2000, en el que expiró su patente, lo comercializan más de 20 empresas. Es barato, efectivo y seguro.
Sí, tan seguro como cualquier otro producto químico con el que se sigan las instrucciones para su manipulación y aplicación. A nadie se le ocurriría beber lejía, amoníaco o desatascador de tuberías, ¿verdad? Aun así, son comunes en nuestros hogares.

La ventaja del glifosato es que es tóxico para lo que queremos eliminar: plantas. Su principal uso es la eliminación de malezas en agricultura, pero se aplica también en parques y jardines públicos y privados.
Su mecanismo de acción es simple. Impide la formación de ciertos aminoácidos que necesita la planta para vivir, cuya ruta de síntesis es exclusiva de las plantas. Gracias a eso el glifosato no presenta toxicidad en animales.
Para que nos hagamos una idea: la cafeína, el vinagre y el paracetamol tienen índices de toxicidad mayores que el glifosato.
El herbicida es absorbido por las hojas (no por las raíces) y su vida media es muy corta (22 días), por lo que sus efectos acumulativos tienen un impacto mínimo. Se aplica, el producto circula, y al cabo de unos días la planta muere.

El verdadero éxito del glifosato llegó a mediados de los años 90, cuando Monsanto empezó a comercializar plantas modificadas genéticamente para resistir al glifosato. Esto permitía utilizarlo para eliminar las malas hierbas sin que el cultivo se viera afectado. La ventaja ambiental y económica era notable, ya que la cantidad necesaria de herbicida se redujo.
El uso de estas semillas se disparó a la velocidad que disminuyó el de herbicidas. En cualquier caso, por si alguien lo está pensando, en Europa no hay ningún cultivo transgénico resistente al glifosato.


Marcha contra Monsanto en Vancouver. Rosalee Yagihara/Wikipedia, CC BY


¿Qué dice la ciencia sobre su toxicidad? ¿Es cancerígeno?

En marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la OMS, calificó el glifosato dentro del grupo 2A. Esto quiere decir que es “probablemente carcinógeno para el ser humano”, junto con profesiones como trabajar de peluquero, en una freiduría y ser artesano del cristal. Está al mismo nivel que tener turno de noche, consumir carne roja y las bebidas muy calientes. Nada de esto ha sido prohibido.
Cabe destacar que esta lista se elabora teniendo en cuenta el nivel de evidencia que existe y no cuantificando el riesgo que tienen las sustancias.
Esta decisión entraba en conflicto con los informes aportados unos meses después por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), donde un estudio sobre los efectos del glifosato llegó a la conclusión de que “es poco probable que [el glifosato] suponga un riesgo carcinogénico para los humanos”.

La decisión inicial de la IARC ha estado rodeada de sombras desde el principio. Se descubrió que la agencia había omitido información clave en su informe, que respaldaba la seguridad del producto. Esta información no llegó a ver la luz. También se ha criticado la metodología utilizada por la IARC junto con posibles conflictos de interés del panel evaluador.

Imagen gráfico. Chilebio, Author provided


La decisión que tomó la IARC va en contra de lo que estimaron en 2016 los otros 3 programas de la OMS/FAO que evaluaron la posible toxicidad del glifosato. El Programa Internacional sobre Seguridad Química, el Grupo Central de Evaluación y las Normativas para la Calidad del Agua Potable, (todos de la OMS, al igual que la IARC) dictaminaron que “es improbable que el glifosato presente un riesgo carcinogénico para los humanos por la exposición a través de la dieta”.
Este ir y venir despertó dudas sobre la independencia de los estudios y los intereses de unos y otros. Desde entonces se suceden nuevas evaluaciones independientes, que suponen tiempo y dinero, para tratar de demostrar otra vez su seguridad.

A día de hoy hay más de 800 estudios e informes de organismos oficiales además de la EFSA (el último de este mismo año) y la OMS/FAO. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), la Autoridad de Protección Ambiental de Nueva Zelanda (EPA), la Agencia Canadiense de Reglamentación de Gestión de las Plagas de Canadá (PMRA), la Comisión de Seguridad Alimentaria de Japón (FSC), la Administración de Desarrollo Rural de Corea (RDA) y el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR). Todos concluyen que es poco probable que el glifosato sea carcinogénico para los humanos. ¿Se necesitan de verdad más estudios?


¿Hay alternativas al glifosato?

Se han intentado métodos alternativos. Tras varias pruebas de los Ayuntamientos para eliminar el glifosato de nuestras ciudades, han vuelto a usarlo. Es el caso del Ayuntamiento de Sevilla. La realidad es que actualmente ningún otro herbicida es capaz de sustituirlo, debido a su efectividad, precio y escasa toxicidad.
Hay herbicidas extremadamente tóxicos. Para los anfibios, las atrazinas. Para el ser humano, el paraquat. Ambos están prohibidos en la UE desde hace unos años, pero siguen siendo de los más utilizados en Estados Unidos a pesar de la abrumadora evidencia en su contra.
Los datos dicen que dejar de usar el glifosato tendría consecuencias socioeconómicas importantes. Solo en nuestro país, más de 2.000 millones de euros y 5.000 puestos de trabajo se perderían. En la Unión Europea, su uso se ha renovado hasta 2022.

Volvamos al Tribunal Superior de San Francisco. Dado que no se pudieron hallar pruebas que pudieran relacionar el uso del glifosato y el linfoma no Hodgkin de Johnson, el jurado determinó que Monsanto no advirtió en el etiquetado del producto del riesgo para la salud.
¿El glifosato era potencialmente cancerígeno? Según la IARC, sí, y por tanto debía indicarse en el etiquetado
¿Pudo haberle provocado un cáncer al Sr. Johnson? En la categoría 1 de la IARC, “carcinógenos para el ser humano”, encontramos el sol, tabaco, alcohol y las carnes procesadas. Todos ellos han demostrado ser cancerígenos. Por esa misma regla, un enfermo de cáncer podría demandar a empresas cárnicas y tabacaleras.

¿Cómo demostrar que el cáncer ha sido consecuencia de un solo factor -de ese en concreto- y no de varios? Todo esto es demasiado complejo y casi imposible de demostrar. ¿Debería el salchichón ibérico incluir un etiquetado advirtiendo de que es cancerígeno?

Monsanto se enfrenta a un proceso judicial largo si pretende apelar. No será la última vez: esperan 5.000 demandas similares. Con independencia de su resultado, el glifosato seguirá siendo seguro.

Una sentencia es una resolución, a veces acertada, a veces no, de un caso concreto en unas determinadas circunstancias. Las sentencias judiciales nunca sustituyen a la evidencia científica. Y eso es lo que debería prevalecer, siempre.The Conversation


Rosa Porcel Roldán, Investigadora en Biotecnología Vegetal, Universidad Politécnica de Valencia
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

jueves, 31 de mayo de 2018

La CIENCIA de la INMORTALIDAD. De los elixires a los telómeros [reseña]

Como introducción.

Debo admitir que el tema me interesa, y que, dentro de mis conocimientos (no soy una experta ni trabajo en este campo), trato de estar al día mediante la lectura, entrevistas a gente relevante del área, y documentales que abordan el tema de la longevidad y el envejecimiento en el ser humano. Ya os adelanto que no hemos conseguido (aún) vivir eternamente, pero la Ciencia avanza a un ritmo vertiginoso, y de momento, hemos llegado a alargar la esperanza de vida 40 años en apenas un siglo! Vamos, que solo en cuatro generaciones, hemos conseguido duplicar los años que vivimos. 

¿Qué pasará en el futuro?





El autor.

Alejandro Navarro.
Imagen de Grupo Almuzara
Alejandro Navarro (Madrid, 1961) es bioquímico y doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Durante más de veinte años ha sido directivo internacional en compañías multinacionales del sector del petróleo y las energías renovables, en particular Exxon-Mobil y BP.
Como experto en organización de empresas, ha colaborado con varias universidades (ICADE, UNED, UAM...) y medios de comunicación, y ha publicado artículos en diversas revistas especializadas.
Investigador, divulgador y gran conocedor de la historia de la ciencia, está especializado en ciencia y tecnología en la antigüedad, en particular en aquellas áreas relacionadas con la química.
Ha publicado otros libros de gran éxito como El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la Historia de la Ciencia, El secreto de Prometeo y otras historias sobre la Tabla Periódica de los Elementos y Los vikingos de Marte y otras historias científicas sobre la búsqueda de vida extraterrestre, todos ellos de la misma editorial que este libro, Guadalmazán.

Tuve el placer de conocer a Alejandro fugazmente en la charla que di en Valladolid con motivo del evento Naukas "La ciencia del futuro" el pasado mes de septiembre, pero me bastó para poder confirmar lo entrañable que es en Twitter, donde lo podéis encontrar tras el nick @Alexny_85


El argumento.

Todos los libros del Grupo Guadalmazán, de la Editorial Almuzara tienen algo en común a simple vista. Su portada es siempre reconocible y tienen una cuidada y elegante cubierta, que a mí, personalmente me encanta.

La Ciencia de la Inmortalidad, de los Elixires a los Telómeros -es el nombre completo de este libro- viene en un formato de tapa blanda, ilustrado en blanco y negro y tiene 204 páginas.

Tras una introducción que empieza con un relato (muy bien buscado, porque ya engancha nada más empezar), encontraremos 8 capítulos y un epílogo donde el autor nos transporta en un viaje recorriendo la Historia para comprender que la búsqueda de la inmortalidad no es algo que persigamos recientemente. Durante este viaje, encontraremos respuesta a preguntas como ¿existe algo de cierto en las leyendas sobre los vampiros? ¿hay realmente una fuente de la eterna juventud? ¿hay animales que rejuvenecen como Benjamin Button? ¿si nos congelamos podremos revivir cuando se encuentre la cura al motivo de nuestra muerte? ¿quién fue el misterioso conde de Saint Germain?

Rosalía Lombardo,
fallecida hace 98 años
En el capítulo Momias, embalsamadores y santos corruptos, veremos cómo la muerte burla a algunos, pero solo en apariencia. Realmente parecen muy vivos, a pesar de que alguno de los que el autor nos trae, tiene más de 5000 años de antigüedad. Tengo que destacar un caso tan especial, que yo misma le dediqué un post. Es la historia de Rosalía Lombardo, también llamada la momia más bella del mundo. 

En el capítulo El secreto de los zombis y el alimento de Drácula el autor nos presentará el verdadero origen de los zombis y de los que conocemos como vampiros. La verdad es que es uno de los capítulos más fascinantes del libro. En él, se trata uno de los casos de vampirismo (aunque retorcido y muy complicado) en un personaje histórico encarnado en la condesa húngara Erzsébet Báthory. Se da la casualidad de que hace unos días, antes de empezar a leer este libro, escuché el programa de "Elena en el país de los horrores" (un podcast de crónica negra y criminología) y hablaron de este personaje con todo detalle. Me parece interesante dejaros el enlace por si queréis conocer sus horrendos vicios un poco mejor... no apto para personas hipersensibles.
Y hablando de sangre y vampiros, quedaos con el nombre de esta patología: porfiria eritropoyética congénita.

Del bíblico Matusalén al enigmático conde de Saint Germain nos trae personajes que han alcanzado más de 100 años. Y de 200. Y de 800. ¿Leyenda o realidad? Hmmm...

En Pócimas, elixires y una fuente para la eternidad, encontraremos de qué estaban hechos los preparados a los que se les atribuía el poder de la longevidad, aunque siendo sinceros, poco ibas a durar teniendo en cuenta la composición. Es curioso cómo nunca hemos dejado de buscar la fórmula mágica y lo que ha variado a lo largo de la historia. ¿La melatonina o el resveratrol podrían ser buenos candidatos? Ojo. Desde hace mucho tiempo, la industria de la cosmética pone parte de su empeño en tratar de relacionar cualquier molécula prometedora con una crema o píldora que te rejuvenece.

Turritopsis nutricola,
la medusa inmortal
La naturaleza también tiene casos curiosos, interesantísimos de ejemplares o especies muy longevas. Buscando envejecer tarde entre la criaturas del Señor, nos muestra ejemplos de cómo están programados algunos organismos para vivir más tiempo. Árboles, insectos o la medusa Turritopsis nutricola, de la que también hablamos en este blog hace algún tiempo y que podéis ampliar aquí, se hacen un hueco en este capítulo.

Entramos en una ciencia más profunda con El "soma desechable" y las islas de la longevidad, donde el autor nos explica la teoría del gen egoísta, la relación entre la longevidad y el género y por supuesto, cómo influye el estilo de vida que llevemos. Está claro que un porcentaje de los años que estamos predestinados a vivir está determinado genéticamente, pero un porcentaje mayor, lo constituyen los hábitos que desarrollemos de alimentación y estilo de vida.

La ciencia continúa en El gusano elegante y el reloj del juicio final, para explicarnos las causas biológicas del envejecimiento, el organismo modelo de estudio y los fármacos que se están desarrollando o podrían ser potencialmente útiles. Esperanzador.

Finalmente, Cabezas congeladas, humanos mejorados y misterios de la mente, abre una nueva puerta para aumentar la longevidad y retrasar el envejecimiento haciendo uso de la medicina regenerativa y la tecnología. Da un poco de vértigo solo imaginar lo que la criónica o la inteligencia artificial sería capaz de conseguir.

Con el epílogo, el autor nos trae lo que nos puede deparar el futuro. Bastante realista. Inquietante.

Mi crítica.

El libro es una delicia, no solo por la información que aporta sino por la forma de hacerlo. Está continuamente salpicado de hechos reales y leyendas donde la Historia y la Ciencia se dan la mano durante todo el camino.

Las imágenes se agradecen entre el texto, y más allá de ilustrarlo, ofrecen información adicional que sin duda lo enriquece, aportando en muchas ocasiones curiosidades muy interesantes. Además, pocas veces he visto unas notas a pie de página tan detalladas.

Confieso que es, hasta donde soy capaz de recordar, el libro que más veces he cerrado y abierto. En muchas ocasiones, se menciona algo que me ha hecho cerrarlo durante unos minutos para buscar en el móvil una imagen. Ha sido capaz de captar mi atención y querer saciar visualmente aquello de lo que estaba hablando antes de seguir con la lectura.

Por supuesto, como gran divulgador científico, el autor domina el lenguaje, empleando los términos adecuados para acercarse al gran público, y huyendo así de tecnicismos en un libro que, como este, aborda algunos aspectos científicos del tema del envejecimiento. Por tanto, no hay un público objetivo que requiera tener una base científica, para nada. Cualquier persona va a entender y a disfrutar este libro.

Yo misma lo he disfrutado muchísimo.

Hay una parte de La Ciencia de la Inmortalidad que ha despertado una serie de sensaciones desagradables en mí, y supongo que en cualquier lector. Angustia, preocupación e incertidumbre ganan durante esas páginas pero creo necesario que también se hable de ello y creo que el autor (experto en Ciencia y Economía) es perfecto para darnos esa bofetada de realidad.

Como él mismo dice:

"El desafío que se nos presenta por delante es de tal magnitud y son de tanto calado sus potenciales consecuencias que debemos estar abiertos a escenarios nunca vistos a lo largo de toda la historia de la humanidad, en lo que constituirá una nueva realidad en la que la economía, la sociedad y las relaciones entre personas adoptarán formas y modelos muy distintos a todo lo que hemos conocido hasta la fecha."


En definitiva, un libro muy recomendable para abordar el pasado, presente y futuro de una de las inquietudes que ha movido al ser humano desde el origen de los tiempos. Si llega el día en el que se consiga, solo falta saber si te gustaría ser inmortal.




Otros libros del autor.


viernes, 4 de mayo de 2018

Transgénicos sin miedo. Una reseña personal [libro]

Como introducción.

Tenemos delante un libro escrito por uno de los mayores expertos en transgénicos de nuestro país. Recién considerado un influencer de la ciencia en España según un estudio de investigadores de las Universidades de Salamanca y Valladolid, es toda una suerte poder leer un libro escrito por él, donde contamos con información muy valiosa sobre uno de los temas más polémicos que nos afecta a todos. Los transgénicos llegaron hace mucho tiempo para quedarse y hasta ahora, no han demostrado más que su capacidad de hacernos la vida más fácil y, en ocasiones, darnos la solución a problemas fundamentales. 





El autor.

JM Mulet (Denia, 1973) es licenciado en química y doctor en biología molecular por la Universidad de Valencia. Actualmente es profesor de biotecnología en la UPV y dirige el Máster en Biotecnología Molecular y Celular de Plantas (CSIC-UPV). También tiene su propio grupo de investigación en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP) donde trata de desarrollar plantas tolerantes a la sequía o al frío.

Además de docente e investigador, yo creo que a estas alturas ya podemos decir sin ninguna duda que se ha consagrado como autor de relevancia en divulgación científica. Comenzó en Ed. Laetoli escribiendo "Los productos naturales ¡vaya timo!" en 2011 [reseña] y posteriormente, Ed. Destino tuvo el acierto de ficharlo para publicar "Comer sin miedo" en 2014 [reseña], "Medicina sin engaños" en 2015 [reseña], y "La ciencia en la sombra" en 2016 [reseña]. "Transgénicos sin miedo" aparece en 2017 como, seguramente, el libro más esperado de JM Mulet. Y su producción literaria continúa... Atentos al día 5 de junio. 

Pero su labor divulgativa no queda solo en sus libros, sus post en Tomates con genes y en Twitter, sino que como persona a la que le apasiona la interacción con el público, no es difícil encontrarlo dando conferencias aquí y en otros países, charlas en institutos o universidades e incluso participando en medios de comunicación. Sus colaboraciones periódicas las realiza en Cadena Ser, donde podéis encontrarlo en el programa Hoy por Hoy con Toni Garrido en una sección especial de escepticismo, colaborando con Luis Alfonso Gámez y Tom Kallene o en Ser Saludable con Sara Tabares. También en El País, participa en "Ciencia sin ficción".


JM Mulet junto a Jesús Soria en Ser Consumidor.
Imagen de Pilar Martínez

Considera un deber divulgar. Como os digo, le apasiona, y es un facilón al que le cuesta dar un no por respuesta cuando le proponen una participación.


El argumento.

Transgénicos sin miedo (Ed. Destino, 2017) tiene 288 páginas y está estructurado en dos partes claramente diferenciadas. El propio autor presentaba su libro en su blog como el libro que siempre quiso escribir. (Y nosotros leer, añado).

BLOQUE 1.
Por un lado, 4 capítulos se encargan de descubrir al lector aspectos que probablemente no conoce sobre los transgénicos. Vamos a comenzar desde el origen, porque desde la aparición del hombre, algo habrá tenido que comer ¿no? El autor nos ofrece un recorrido fascinante a través de la aparición de la agricultura y cómo hemos modificado los alimentos para obtener las mejores cualidades de ellos. Sí. He dicho modificado los alimentos. Porque hace miles de años, ya se modificaban los alimentos. La agricultura hizo que se determinara de alguna forma el éxito y el poder de las civilizaciones. Las que tenían alimento prosperaban, y así se crecía. 

Para entender lo que es un transgénico, tenemos que meternos un poco en el concepto de gen. A mucha gente le preocupa que comamos genes, e incluso piensan que solo los transgénicos tienen genes... ¿comemos genes? ¿vamos a morir? Un poco de ingeniería genética para dummies al alcance de todos, para entender que es un proceso relativamente sencillo.

Y finalizamos el primer bloque con uno de los capítulos imperdibles. Bueno, 80 páginas leídas y me sigo preguntando ¿y para qué narices sirve un transgénico? Quizá algunos lectores asocien este término con alimentos, que son los que más sufren el acoso por parte de ciertos sectores ecologistas, pero queridos amigos... hay transgénicos mucho más allá del campo cuando no lo destrozan. Muchos fármacos como la insulina, hormona del crecimiento etc, se obtienen a partir de organismos modificados genéticamente. Muchísimos ejemplos más, algunos sorprendentes se obtienen de esta forma. Es más, mirad a vuestro alrededor. Estáis rodeados de ellos. 

BLOQUE 2.
El segundo bloque consta de 8 capítulos centrados en desmentir todo lo que se ha dicho sobre los transgénicos. Si os fijáis, estamos hablando del doble de capítulos para tratar de eliminar mitos. Según la Ley de la Asimetría de la Estupidez, de Alberto Brandolini, "la cantidad de energía necesaria para refutar una tontería es de un orden de magnitud superior a la necesaria para crear dicha tontería", así que hay que hacer uso de un enorme esfuerzo para tratar de subsanar el daño y el mal trato que han recibido los transgénicos a lo largo del tiempo. 

Ratones del estudio famoso
de Séralini de 2012
En estos 8 capítulos el autor hace un repaso de los mitos más extendidos. Seguro que los habéis oído todos. Lamentablemente son repetidos como un mantra y han calado en nuestra sociedad. Leed esta parte de libro sin prejuicios y dispuestos a APRENDER.

1. Salud
-Son malos para la salud. 
-Provocan cáncer. 
-Tenemos más alergias por su culpa. 
-Comemos genes de otros organismos y no sabemos qué efecto pueden causar en nosotros. He visto unos ratones que han comido maíz transgénico y tenían unos tumores del tamaño de pelotas de ping pong... estudio que por cierto, fue retirado tras ponerse de manifiesto errores importantes en el diseño del experimento, análisis de resultados, etc, pero que fue republicado tiempo después sin someterse a ninguna corrección en una revista de menor relevancia y dedicada al medio ambiente, como indica el propio JM en su libro. 

La información parcial y manipulada hace muchísimo daño, y el bombazo que a todos se nos quedó grabado en la retina fue el sufrimiento que tuvieron que padecer las ratas con el desarrollo de estos tumores salvajes (la ética del bienestar animal se la pasaron por el Arco del Triunfo. 

2. Medio Ambiente
-Los transgénicos hacen que se pierda biodiversidad. 
-Favorecen el monocultivo. 
-Se pueden cruzar con otras especies y contaminarlas.
-Hay semillas estériles... terminator creo que se llaman. Ya ves, ¡el nombre lo dice todo!
-Bueno, vale, hay un maíz que es resistente al taladro la plaga más importante que afecta al maíz porque produce una proteína tóxica para para estas orugas, pero también será tóxica para otros insectos y hasta para nosotros si lo comemos!!  

Deinococcus radiodurans, una
bacteria todoterreno 
Nada de esto es cierto. ¿A que pensabas que lo era? Es más, quizá te sorprendas cuando descubras que los transgénicos pueden ser beneficiosos para el medio ambiente. Recordemos que cada transgénico es un caso independiente y que no debemos generalizar. Pero ¿te has planteado que se pueden usar transgénicos para descontaminar el suelo o el agua tras un vertido tóxico? (recuerda el desastre del Prestige en 2002). O para eliminar un elemento concreto (cadmio, plomo..) del suelo. Esto ya existe y otros están en camino. Igual que microorganismos que "comen" plástico o petróleo. ¿A que esto ya no parece tan malo?

Te voy a poner un ejemplo: Hay una bacteria llamada Deinococcus radiodurans que tiene la particularidad de soportar una radiación brutal. Para que te hagas una idea. Un ser humano está muerto con 6 Gray (unidad de medida de dosis de radiación absorbida). Esta bacteria soporta una dosis instantánea de 5000 Gray sin inmutarse. Pues por ingeniería genética se ha conseguido que esta bacteria además de vivir en un entorno radiactivo, pueda descontaminar mercurio y tolueno, de manera que es útil en la descontaminación de desechos radiactivos resultantes de la fabricación​ de armas nucleares.

3. Desequilibrio social.
-La tecnología está en manos de unos pocos, los ricos.
-MONSANTO. Lo tengo que poner en mayúsculas porque es la única empresa que conocen los que siempre están con el mismo tema y cometen el error de "Monsanto como único argumento"
-Los agricultores están obligados a sembrar semillas transgénicas. Son esclavos de las multinacionales.
-Hay que pagar una patente.

Otro capítulo de los imperdibles, de los que hacen reflexionar. Estas y otras cuestiones sociales, esas que nos interesan a todos, tienen respuesta aquí.

En el capítulo 8, veremos la situación de los transgénicos en el resto del mundo. Europa es un caso especial... cuesta explicar cómo una zona que solo tiene autorizado un evento transgénico dedicado a la alimentación (el maíz MON810) es capaz de importar casi 90 variedades de productos transgénicos. ¿Qué ocurre en EE.UU, México, Sudamérica y el resto del mundo?

El capítulo 9 aborda algo que también preocupa, sobre todo al que sigue pensando que va a morir por comer transgénicos: el etiquetado. Aprovecho para recordar que en España, al igual que en el resto de la Unión Europea, es obligatorio desde 2003, así que...

Etiquetado indicando de forma explícita que
contiene soja modificada genéticamente. 
Los últimos capítulos nos recuerdan la información que circula por internet y en medios de comunicación y que la mayoría de las veces, poco o nada se parece a la realidad. Las campañas informativas del lobby ecologista son muy potentes. Invierten mucho tiempo y dinero en dar información sesgada y muchas veces alarmista que luego cuesta mucho esfuerzo aclarar.

Fallamos en el aspecto de la información, sobre todo porque la mayor parte de nuestro tiempo la pasamos encerrados en nuestros laboratorios. Y cuando salimos y nos animamos a participar en un debate, nos ponen como contrincante a un activista ambiental. Falacia del principio de equidistancia. Esto le ha pasado al autor de este libro en numerosísimas ocasiones, igual que a José Pío Beltrán, profesor de investigación del CSIC, toda una autoridad en el tema, frente a un activista ambiental.

El capítulo 11, más centrado en política y asociaciones ecologistas, quizá ha sido el menos interesante para mí, pero no por ello el menos importante. Que determinados sectores se empeñen en difundir información falsa o protagonizar actos vandálicos destrozando campos experimentales o atentando contra la vida de científicos que trabajan con transgénicos, me parece de todo menos banal.

Y por último, el capítulo 12, aunque es el final del libro, es el comienzo de una nueva tecnología que está dejando un poco atrás algunos transgénicos. No por falta de interés, eficiencia o uso, sino por la la regulación que ahora mismo hay en torno a los CRISPR, mucho más laxa que la que implica a los transgénicos. Al no llevar ADN foráneo (de otro organismo), no se considera transgénico y por tanto, no está sujeto a la misma y super estricta regulación europea. Tiene más ventajas que los OMG y JM nos lo cuenta.


Mi crítica.

Transgénicos sin miedo, era el libro más esperado de JM Mulet. Hablamos de un científico que se desenvuelve en este área trabajando con transgénicos desde hace 20 años, los conoce bien, y aprovecha esta ventaja para poder divulgar sobre este tema desde el origen de los tiempos. Escribir este libro era algo que tarde o temprano tenía que ocurrir.

Es una lástima que no apareciera hace más tiempo, antes de que calara el mensaje sensacionalista promovido por grupos que además de intereses, les movía en muchas ocasiones un profundo desconocimiento de la realidad ... o no. El caso, es que la sociedad relaciona el término transgénico (y glifosato) con alimentación (cuando hay otros tipos de transgénicos) y con peligro.
Las palabras clave de cualquier conversación con alguien no experto sobre este tema (y a mí me ha pasado con la familia) son: cáncer, alergias, Monsanto, enfermedades, pobreza, monopolio, biodiversidad, suicidios en los agricultores de la India... No culpo a esas personas. Muchas veces es la información que se le ha hecho llegar.

A ese grupo va dirigido este libro. Me gustaría que lo leyeran como si nunca hubieran oído hablar de los transgénicos. Que fueran gente abierta, razonable, que se plantearan por un momento la posibilidad de que pudieran estar equivocados en algo. El autor (que no cobra de ninguna empresa biotecnológica) acude a su propia experiencia y a fuentes rigurosas, entre ellas libros escritos por autoridades en el tema, científicos de alto nivel con muchos años de trayectoria, para dejar constancia (de una vez por todas) de lo que lleva mucho tiempo contándonos una y otra vez en redes sociales y en medios de comunicación.

A esas personas que tenían conocimiento previo sobre los transgénicos y se han tenido que enfrentar en alguna ocasión a una pregunta inquisitiva sobre el efecto en la salud, medio ambiente, etc. este libro va a ser un gran libro de consulta. Todos los mitos y leyendas posibles están contemplados y ampliamente desarrollados, así que os será de gran ayuda para el diálogo y la información.

En definitiva, es un libro necesario y para algunos, imprescindible. No hay muchos libros que aborden el tema de los transgénicos de una forma tan clara y rigurosa.  El estilo de la pluma de JM Mulet es siempre inteligente e irónico y lo recubre de experiencias dándole más riqueza al contenido. Se lee muy fácil, ya que ni siquiera el capítulo más "técnico" es complicado de asimilar para el que no tenga una formación científica básica.

Otro gran libro de Mulet.


Otras reseñas.


Dónde comprarlo.

¿Queda alguien que no lo haya leído aún? ¡No me lo creo! :DD Transgénicos sin miedo (Ed. Destino 2017) lo vais a poder encontrar en formato papel y kindle en Amazon y en formato papel en cualquier librería o grandes almacenes.

Cómpralo aquí



PD. Agradezco al autor la mención de este blog "La Ciencia de Amara" como fuente de consulta y, de forma especial, el privilegio de haberme permitido leer y disfrutar el manuscrito de Transgénicos sin Miedo. 

El próximo, ¿Qué es comer sano? también de la Ed. Destino, sale a la venta el 5 de junio, aunque disponible ya en la preventa de Amazon.

Preventa en Amazon




lunes, 28 de agosto de 2017

De hongos, enfermedades y vinos gourmets. La creación del Tokaji

Ante una situación de estrés, la adrenalina se dispara incrementando la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea y preparando al organismo para estar atento y movilizar grandes cantidades de energía por si hay que luchar o huir. Sin embargo, en las plantas, esta respuesta no es posible. Y esto no quiere decir que las plantas no se estresen. ¡Qué va!

Las plantas, debido a su naturaleza inmóvil, tienen que aprovechar los recursos disponibles y hacer frente a todas las situaciones desfavorables que puedan tener durante su ciclo de vida sin moverse del sitio. Algunas especies están adaptadas a situaciones que serían tremendamente desfavorables para otras plantas. Son capaces de vivir a temperaturas extremas por debajo de -35 ºC (hay flora en la Antártida) o por encima de los 55 ºC, en suelos muy salinos (zonas costeras y estuarios) o en hábitats de sequía extrema (también hay plantas en el desierto). Esto se debe a que a lo largo de la evolución, han desarrollado múltiples adaptaciones que les permiten vivir bajo un clima que se caracteriza por su extrema severidad. Estas plantas no están estresadas. Pero aquellas que viven en unas condiciones óptimas y que durante un período determinado han de hacer frente a un cambio que afecta a su crecimiento y desarrollo, sí sufren un estrés. Como nosotros. Aunque a veces no se note a simple vista, reaccionan ante estas situaciones de diversas formas y esto les ha permitido ir evolucionando hasta nuestros días.


Algunos de los estreses más importantes que afectan a las plantas. Fuente @bioamara


La sequía, los suelos salinos, o las bajas temperaturas son los estreses ambientales o abióticos más frecuentes. Pero además, las plantas están sujetas al ataque de patógenos y herbívoros, también llamado estrés biótico, que puede destruir en poco tiempo un cultivo y acabar con la producción, con consecuencias económicas importantes. Ante una situación de estrés, las plantas tienen mecanismos que ponen en marcha desde el primer momento en el que empiezan a notarlo. Sí. Lo notan. La planta desencadena una serie de reacciones y procesos que se encargan de originar cambios fisiológicos, acumular moléculas, producir otras de defensa, expresar genes que participan en esta protección frente al estrés, etc. En esto, como en nosotros, las hormonas tienen un papel fundamental. El éxito de esta respuesta es muy variable porque depende de muchos factores. Por un lado, el tipo de estrés (contenido nutricional del suelo, pH, sal, sequía, metales pesados, radiación, temperatura, inundación, viento, toxinas, herbívoros, patógenos…), pero también de la duración e intensidad. Y a estos hay que sumar factores internos de la planta como su estado hormonal previo al estrés, su “genética”, el momento de su ciclo de vida en el que le afecta, etc lo que da idea de lo vasto y complejo que resulta el estudio del estrés vegetal y las respuestas de las plantas.

La sequía y la salinidad tienen mucho en común. Aunque son dos estreses distintos que no tienen por qué aparecer simultáneamente, algunas de las respuestas son iguales. Por ejemplo, ante una señal de falta de agua, lo primero que hacen las plantas es cerrar los estomas. Son pequeños orificios localizados en las hojas (más abundantes en el envés, o lo que es lo mismo, la parte de abajo), por donde tiene lugar el intercambio gaseoso y toman el agua. Si detectan que hay menos de la que están acostumbradas, los cerrarán para evitar que se salga la que ya tienen almacenada y serán más eficientes usando la que disponen. Otras de las respuestas que desencadenan ante la sequía y la salinidad es acumular azúcares. Este mecanismo ha sido sabiamente aprovechado por los agricultores para desarrollar cultivos de secano, en los que no hay riego y solo utilizan el agua que proviene de la lluvia. Melocotones, sandías, melones… Menos agua significa más dulce y más sabor. También el tomate raf almeriense “sufre” esta particularidad. Su delicioso sabor dulce se debe a que se cultiva con agua salina y el fruto contrarresta el estrés generando azúcares. Son frutas estresadas.

Tomate Raf | Wikipedia
En ocasiones, grandes descubrimientos han tenido su origen en un error, un descuido o en la casualidad. Según una leyenda el yogur se descubrió por casualidad gracias al descuido de un pastor que dejó olvidado algo de leche en un zurrón hecho de piel animal y cuando volvió lo encontró convertido en algo más denso y sabroso.

Morfología de Botrytis mostrando sus conidios (racimos de esporas)
y un conidio germinando en la superficie de un pétalo de rosa
Botrytis cinerea, conocido como el moho gris, es uno de los hongos patógenos con mayores consecuencias para las plantas. Debido a las formas de resistencia que crea, tiene la capacidad de permanecer latente durante mucho tiempo y esperar a que las condiciones ambientales sean adecuadas para germinar y que sus esporas sean transportadas por la lluvia y el viento. Las pérdidas económicas por este hongo son altísimas y muy difíciles de calcular, tanto por el amplio rango de hospedadores que tiene (más de 200), como por el hecho de que es capaz de atacar al cultivo prácticamente en cualquier etapa de la producción.

La enfermedad que causa este hongo se conoce comúnmente como podredumbre gris. Infecta plantas que están empapadas o en unas condiciones de mucha humedad (95%), aunque también la lluvia, el viento y las heridas producidas en las plantas favorecen la entrada y el desarrollo del hongo. La mayor gravedad de la podredumbre gris es debida a las consecuencias económicas, especialmente en la vid.

Pepino y fresa atacados por la podredumbre gris


Visto de esta forma, que las plantas estén estresadas por el ataque de un hongo patógeno es un problema grave, pero esto no siempre es así…

En este caso, los agricultores también han sabido aprovechar comercialmente la respuesta al estrés producido por un patógeno.

Quizá no sepan que si alguna vez han pedido un vino en un viaje por Hungría o han tomado un Château d’Yquem de Burdeos o un Beerenauslese en Alemania, se trata de vinos infectados por Botrytis. Paradójicamente, la podredumbre noble, es la responsable de vinos característicos y considerados en viticultura. Quizá por casualidad, tal vez cambiando y jugando con los parámetros ambientales de temperatura y humedad, los agricultores descubrieron que si tras la infección de uvas maduras por Botrytis en condiciones de mucha humedad quedan expuestas a condiciones más secas, se produce este tipo de vinos dulces particularmente finos y concentrados (igual que las pasas). Básicamente lo que hace es deshidratar las uvas (proporcionarle un estrés hídrico) y que la vid acumule azúcares (respuesta de la planta a la sequía). Algunos de los mejores vinos botritizados son literalmente recogidos uva a uva en distintos momentos de selección. La infección en este caso, le da calidad a la uva.

Cultivo de vid afectado por la podredumbre
nombre. (Magyar, 2011)
La principal diferencia entre estos vinos botritizados y otros vinos dulces está en el amplio rango y riqueza de los compuestos aromáticos que aporta Botrytis. Según los entendidos, suelen caracterizarse por un sabor a albaricoque, pera, membrillo, pasas y miel.

El primer vino botritizado –los vinos hechos con uvas botritizadas se les llama Aszú- que se fabricó intencionadamente con la podredumbre noble fue el Tokaji Aszú.

Acompañadme a Hungría.

Hungría tiene una vitivinicultura milenaria que ha sido dominada por los vinos blancos, pero las laderas de la región de Tokaji-Hegyalja situada en la parte nororiental del país, cobran una especial importancia. Esta región es, junto a la región del Alto Duero, paisaje vitícola del Piamonte, Viñedo de Champaña, Viñedos de las colinas de Borgoña y de la isla del Pico en Portugal, una de regiones vinícolas del mundo que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Las condiciones del suelo y la climatología de esta zona han hecho posible que desde el siglo XVI el Tokaji Aszú sea distintivo universal de calidad y leyenda de Hungría, aunque se creía que la magnífica calidad de este vino se debía a que en las profundidades del terreno donde se cultiva había oro. 

Viñedos de la región Tokaji-Hegyalja | Wikipedia

Según la crónica de origen del Tokajii Aszú, lo datan en el 1630. La condesa húngara Susana Lorántffy (1600-1660) esposa de Jorge Rákóczi I, Príncipe de Transilvania, era propietaria de vastas tierras y viñedos que cuidaba personalmente. Era una importante promotora y aliada calvinista que enseñaba el cultivo de las viñas a sus religiosos. Al parecer, las guerras militares contra los Habsburgo en el siglo XVII provocaron que uno de sus monjes, Laczkó Máté Szepsi, retrasara la vendimia de su viñedo “Oremus” hasta noviembre, lo que favoreció la aparición de Botrytis en sus cultivos.

La exportación del Tokaji Aszú fue la principal fuente de beneficios del Principado de Transilvania; de hecho, los ingresos por él, ayudaron a pagar los conflictos para conseguir la independencia del mandato de los Habsburgo en la región. El Príncipe de Transilvania, en 1703 envió al rey Luis XIV de Francia numerosas botellas de este vino, que fue servido en Versalles y al parecer, llegó a conquistar al Rey Sol ya que le ofreció una copa a Madame de Pompadour refiriéndose a ella como “Vinum Regum, Rex Vinorum” que significa “Vino de reyes, rey de los vinos”. Allí se hizo conocido como “Tokay”.

De alguna manera, el Tokaji Aszú siempre ha estado ligado a la realeza. El emperador Francisco José tenía la tradición de enviar este vino a la Reina Victoria como regalo en cada cumpleaños, una botella por mes vivido, o sea, doce botellas por año. Su último cumpleaños en 1900 (cumplía 81 años) recibió la friolera de 972 botellas. Napoleón III, el último emperador de Francia, ordenaba 30-40 barriles de Tokaji para la corte francesa cada año. Polonia y Rusia se convirtieron en los principales mercados importadores del vino, hasta el punto de que los zares mantuvieron una colonia en Tokaji para garantizar el suministro regular a la corte imperial de San Petersburgo. El zar Pedro I el Grande mandaba legiones de cosacos para que vigilaran las bodegas y los caminos por los que tenían que transportar el vino para que llegara sin contratiempos hasta la mesa de Catalina.

Fueron años dorados para el Tokaji Aszú, pero en 1795 a la raíz de la imposición de las tasas aduaneras y la tercera partición de Polonia se produjo una importante caída de las exportaciones y precipitó la economía de la región. Le siguieron dos crisis más. La segunda fue provocada por una plaga de filoxera (insecto patógeno de la vid) que originó una gran importante crisis vitícola europea y acabó con la gran mayoría de los viñedos en pocos años. Y la tercera crisis tuvo lugar cuando Hungría perdió las dos terceras partes de su territorio a consecuencia del Tratado de Trianon, al final de la I Guerra Mundial, en 1920. Debido a esto, la región de Tokaji perdió el acceso a la mayor parte de su mercado interior.

Poco a poco, se fue disipando la identidad y calidad de los fabulosos viñedos de Tokaji. Hasta 1995. Con la caída del Telón de Acero, comenzaron a hacerse mejoras en la región y surgió el llamado “Renacimiento de Tojak” o “Tokaji Reinassance” integrada hoy en día por 600 bodegas de prestigio mundial como Oremus, Dizsnoki, Herszolo, Royal Tokaji o Château Paizos. Las variedades de uva están restringidas por ley a unas pocas: la variedad Furmint (70%) y Hárslevelú (25%) son complementadas con un pequeño porcentaje de Muscat lunel, Zéta (híbrido local) y Kövérszólo, una variedad local histórica recientemente restaurada.

No solo el momento de la cosecha de las uvas botritizadas es distinto de los vinos conveniconales (muy tardío; desde principio de octubre a finales de noviembre), sino que el proceso de obtención del vino también tiene sus particularidades. El momento idóneo lo determina el aspecto de la uva, totalmente arrugada y que debe ser de color marrón con matices violáceos. No tiene ningún resto de hongo en la superficie. El procedimiento de maceración que se aplica es antiquísimo y hace que la vinificación de este tipo de vinos sea única. La cosecha es selectiva recogiendo una a una las uvas atacadas por la podredumbre noble (uvas Aszú). Durante el período de almacenamiento, las uvas pierden algo de contenido debido a la gravedad, que se recoge por la parte inferior del recipiente de almacenamiento perforada para este fin. Este preciado jugo se denomina Eszencia o Essencia y constituye el vino Tokaji de mayor calidad. Es tan rico en azúcar que puede tardar años en fermentar incluso con tipos especiales de levadura. Un Tokaji Eszencia que haya fermentado durante 6-8 años puede llegar a tener un 3% de alcohol y un 85% de azúcares. Rara vez se vende, aunque cuando aparece alguna botella puede alcanzar los 800 dólares el medio litro (cosecha de 1947). Normalmente se emplean para enriquecer vinos de menor calidad.

Antes del producto final, toca esperar una larga fermentación. Pero contamos con la ayuda de otro hongo que únicamente crece en las bodegas de esta región de forma natural y que se encarga de proteger la calidad de los vinos. Se trata del moho negro Cladosporium cellare. Este hongo tiene un papel importantísimo limpiando y regulando el aire de las bodegas, especialmente regulando la humedad. Utiliza solo compuestos volátiles presentes en este aire. Dado que C. cellare no tolera demasiado bien el alcohol, nunca crecerá directamente en la superficie del vino y se limitará a mantener una humedad cercana al 90%.

Bodega Oremus del Tokaji | Wikipedia

Yo no entiendo de paladares de vinos. Mi ignorancia en esto es suprema aunque siempre he oído que el mejor vino es aquel que te gusta. Pero los entendidos, que para algo son entendidos en la materia, lo describen así. A la vista: color amarillo dorado. En nariz: fragante y muy expresivo. En boca: notas de miel, membrillo, jazmines, especias exóticas y limón y lo recomiendan como maridaje excelente para dulces, postres, foie y quesos azules.

El resultado debe ser un vino más que preciado. No en vano, aparece en el himno nacional de Hungría “en los viñedos de Tokaj” y en un poema de Pablo Neruda “En mi desordenado corazón impone, oh vino de Tokay fragante, la razón de la luz: ordena mi delirio!”. Grandes personajes de la historia también han reconocido y disfrutado su valor: Beethoven, Liszt, Shubert, Strauss, Goethe, Friedrich von Schiller, Voltair, Bram Stoker, Hayd’s e incluso Jefferson.

Por suerte, en 1993 la familia Álvarez de la bodega española Vega Sicilia estuvo rápida y adquirió la bodega Oremus húngara, con el fin de devolverle su antigua grandeza a este viñedo, uno de los mejor ubicados, emblemáticos y significativos de Tokaji.

Vayan ustedes preparando el bolsillo porque si les apetece comprar un Oremus Tokaji Aszú- Eszencia 1999, tendrán que pagar por una botellita de 0.37 L 215,30 €*. Eso sí, con el IVA incluido.

En ocasiones, las plantas estresadas tienen alguna que otra ventaja.

¡Salud!

* El coste de la botellita de 0.37 L era 215.30 € en 2014. Ahora mismo, los 375 ml andan por 249.95 - 316.60 €. Con IVA 😅


Nota: Este post fue publicado originalmente con el título "La podredumbre noble: cuando una infección mejora un vino" como colaboración de Naukas para la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU. También puedes leerlo en su fuente original aquí.

Referencias
  1. Williamson, et al. (2007) Botrytis cinerea: the cause of grey mould disease. Mol. Plant Pathol. 8, 561–580.
  2. Dean et al. (2012) The Top 10 fungal pathogens in molecular plant pathology. Mol. Plant Pathol 13(4) 414:430
  3. https://ws128.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/fit/agentes/info.descripcion.do?id=74
  4. Ildikó Magyar (2011) Botrytized Wines Advances in Food and Nutrition Research, Volume 63 # Elsevier Inc. ISSN 1043-4526, DOI: 10.1016/B978-0-12-384927-4.00006-3
  5. http://www.delbuencomer.com.ar/
  6. http://www.unesco.org/new/es/
  7. http://www.royal-tokaji.com/